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Poemas sobre la lluvia para esta temporada

Escrito por el 8 julio, 2020

Ya sea si te encanta la lluvia o simplemente no puedes vivir con ella, en esta ocasión te presento cinco increíbles poemas sobre la lluvia o para esta temporada.

A veces me pasa que en días lluviosos estoy más sensible, tal vez porque por naturaleza contemplar la lluvia nos puede llevar a conclusiones profundas. La lluvia es un fenómeno hermoso y delicado pero agresivo a la vez que ha dado mucho en qué pensar a artistas a lo largo de la historia. Si te interesa también puedes ver Obras de arte acerca de la lluvia.

Sería increíble disfrutar de estos poemas, con el sonido de la lluvia de fondo, con ropa cómoda y tu bebida favorita.

“X:24” de Roberto Juarroz

Este genial poeta argentino (1925-1995) emplea el elemento de la lluvia para plantearse temas como el amor y la muerte. Poema obtenido aquí.

 Los diferentes ángulos de la lluvia
nos distraen de la más íntima
naturaleza de la lluvia:
caer siempre perpendicular a algo.
Así a veces cae perpendicular al corazón,
pero el corazón tiene miedo
y escapa de todas las perpendiculares.
Otras veces cae perpendicular a los muertos,
pero los muertos ya no aciertan ninguna geometría.
Y otras veces cae perpendicular a la noche,
pero la noche la abraza como un surtidor por todas partes.
Sin embargo la perpendicular de la lluvia,
para cumplir su llamado,
no necesita ni siquiera una línea,
sino tan sólo un punto donde poder caer
y hundirse plenamente.
Se ve la superficie de un charco o laguna en que las gotas de lluvia forman ondas al caer. Hay algunas plantas debajo de la superficie.

“Invierno” y “Gotas” de Ida Vitale

Esta reconocida poeta uruguaya, perteneciente a la Generación del 45, describe las gotas de lluvia de una forma preciosa y profunda en estos poemas contemporáneos. Obtenidos aquí.

 Invierno 
Como las gotas en el vidrio,
como las gotas de la lluvia
en una tarde somnolienta,
exactamente iguales,
superficiales,
ávidas todas,
breves,
se hieren y se funden,
tan, tan breves
que no podrían dar cabida al miedo,
que el espanto no debiera hacer huella
en nosotros.
Después, ya muertos, rodaremos,
redondos y olvidados.
 Gotas
¿Se hieren y se funden?
Acaban de dejar de ser la lluvia.
Traviesas en recreo,
gatitos de un reino transparente,
corren libres por vidrios y barandas,
umbrales de su limbo,
se siguen, se persiguen,
quizá van, de soledad a bodas,
a fundirse y amarse.
Trasueñan otra muerte.
Se ven las gotas de lluvia que se escurren en un cristal de una ventana, atrás se alcanzan a ver unos edificios desenfocados y un árbol

“Bajo la lluvia” de Juana Ibarbourou

Esta increíble poeta, también uruguaya del siglo XX, nos regala un alegre momento con su poema sobre la lluvia. Obtenido aquí.

 ¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda,
y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve,
y voy, senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante,
sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar.

Un pájaro se baña
en una charca turbia. Mi presencia le extraña,
se detiene… me mira… nos sentimos amigos…
¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!
Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada al hombro
y la lluvia me cubre de todas las fragancias
de los setos de octubre.
Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado
como un maravilloso y estupendo tocado
de gotas cristalinas, de flores deshojadas
que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.
Y siento, en la vacuidad
del cerebro sin sueño, la voluptuosidad
del placer infinito, dulce y desconocido,
de un minuto de olvido.
Llueve, llueve, llueve,
y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.
Una chica esta jugando en el jardín bajo la lluvia, su cabello rubio oscuro se levanta por encima de su cabeza como si le hubiera dado una vuelta.

“Llueve en silencio, que esta lluvia es muda” de Fernando Pessoa

Pessoa (1888-1935) es una de las figuras más representativas de la poesía portuguesa, en este poema plasma esa somnolencia característica de los días nublados. Obtenido aquí.

 Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
y no hace ruido sino con sosiego.
El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
de algo que ignora, el sentimiento es ciego.
Llueve. De mí (de este que soy) reniego…
Tan dulce es esta lluvia de escuchar
(no parece de nubes) que
parece
que no es lluvia, mas sólo un susurrar
que a sí mismo se olvida cuando crece.
Llueve. Nada apetece…
No pasa el viento, cielo no hay que sienta.
Llueve lejana e indistintamente,
como una cosa cierta que nos mienta,
como un deseo grande que nos miente.
Llueve. Nada en mí siente
Unas gotitas de lluvia están pegadas en un cristal atrás se ve el cielo gris

“Lluvia” de Federico García Lorca

Este poeta español pertenecía a la Generación del 27 y escribió este poema en 1919 donde expresa su admiración por la lluvia. Obtenido aquí.

 La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de somnolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!
¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas

almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentágrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias

Cuéntanos en los comentarios qué te parecieron estos poemas y si eres de los que se llevan bien con la lluvia o si conoces otros poemas que se puedan incluir en esta selección.


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