Aterciopelados: viajeros en el tiempo

Aterciopelados: viajeros en el tiempo

Sábado 29 de octubre del 2016

Por: Felipe Castillo

Ciudad de México. Cerca de las siete de la tarde la gente sigue caminando por las calles. Entre risas y una cadencia alegre, en los alrededores del Centro Histórico, después de una jornada dedicada al desfile de calaveras y catrinas continua el ir y venir de las personas. El sol, mientras tanto, se oculta poco a poco en el lejano horizonte, donde se observan ya las nubes moradas que anuncian la paulatina llegada de la fría temporada de los últimos meses del año. Los amarillos y naranjas chocan allá arriba, en lo más alto que la vista puede alcanzar a observar, donde al fondo sólo van quedando, tras unos breves destellos de calidez, el cielo azul y su telón de estrellas. La gente, sin embargo, acá abajo, en la parte más rancia y más antigua de la ciudad, sigue caminando sin detenerse; a pesar de los vientos que soplan cada vez más fuertemente. A un par de cuadras de todo esto estamos nosotros, sentados en la terraza de un café, esperando al mesero de este pequeño lugar de la avenida independencia. Tenemos algo de prisa, puesto que la cita está pactada para las ocho de la noche en el Teatro Metropolitan, para la presentación de los Aterciopelados en su gira Relucientes y Rechinantes. Después de pagar caminamos entre un tumulto de gente, que era todavía un gran resabio del desfile de esta tarde en honor a Spectre (la más reciente película de James Bond) o en honor del Día de muertos, ya se había vuelto un poco imposible saber en qué consistía la diferencia. Por las calles deambulaban un sinfín de entusiastas del tumulto y el mitote, de catrinas y catrines, calaveras pintadas, rostros en blanco con algunas líneas de negro expresivo. Gritaban en cada esquina una gran cantidad de vendedores que ofrecían desde esquites hasta diademas con orejas de gato a manera de disfraces. Había cierto aire enrarecido, era un aroma de festividad mezclado con cempasúchil y velas, con risas y gritos; y las bocinas de fondo vocean mientras tanto, el nombre de un niño que se ha perdido en medio del tumulto. Hace mucho frío y unos vientos del demonio, pero nadie parece notarlo. Ya son las ocho de la noche, mas en los momentos de este nocturno de sábado parece como si no transcurriera el tiempo en la Ciudad de México.

Llegamos al Metropolitan, y un recibimiento en letras doradas con el nombre de la banda, nos saca alguna sonrisa: Los aterciopelados. Está el letrero colocado al frente, con tipos dorados, lo que dota a la fachada del teatro de un antiguo aire déco. Hay una pequeña fila para entrar, en tanto yo lucho por separar los boletos que aún están unidos en la parte superior de ambos, como intonsos; Frida me ayuda, los separa y se queda con el suyo para cruzar, finalmente, el umbral que nos distancia de la banda que ambos escuchábamos desde que asistíamos a la secundaria.

Los Aterciopelados, esta banda colombiana de los 90, ¿los consideramos o no dentro de la fase histórica del rock latinoamericano? Son herederos, sin duda, de un momento de la música en la que ya se había consolidado una industria hacia los ochenta con El rock en tu idioma y con toda la herencia venida de años anteriores con La movida madrileña. Grupos como Duncan Dhu, los Caifanes y hasta Soda Estéreo habían logrado consolidar lo que se empezaba a apuntalar como una tradición en la música de esta parte del mundo. Por otro lado, la relación con Café Tacvba es evidente para los Aterciopelados, quienes incluso en su más reciente material dedicaron una canción llamada “Re” a esta leyenda del rock mexicano. ¿Es acaso Andrea Echeverri la mujer punk-hippie por excelencia en la escena latinoamericana de los noventa? A mi parecer –y que conste que mi parecer es una opinión muy desinformada –Echeverri es un punto y aparte. Creo que no es una de esas figuras fabricadas a posteriori con el propósito de sólo vender. La industria musical, pervierte, por decirlo de alguna manera; pues no es un secreto para nadie que muchas de las ideas expresadas o incluso de las imágenes de los artistas son construidas con la sencilla razón de vender; a mí me gusta pensar que Andreita no es de esas figuras de oropel. Pero regresando a la pregunta: ¿los Aterciopelados pueden ser considerados una banda de la fase histórica del rock latinoamericano? Aquí hay una inconsistencia y ésta es definir qué es “la fase histórica del rock latinoamericano”. Creo que se trata de todos esos grupos que pertenecieron a una movida de cuando menos hace veinte años, más o menos, y que paulatinamente se han convertido en canon y han dejado un espacio importante de influencia para las nuevas bandas. “Bolero falaz” está para demostrarlo, sin duda fuente de inspiración (o aspiración) de las agrupaciones más jóvenes. Los Aterciopelados, sin embargo, siguen produciendo excelentes canciones fresquitas; pero habría que preguntarnos si dentro de otros veinte años los recordaremos por “Bolero Falaz”, o por “Yo”; si los recordaremos por “Barancunata” o por “Maligno”. No quiero decir que hagan cosas malas, todo lo contrario, las nuevas propuestas vienen llenas de vitalidad. Pero si pensamos en estos colombianos, pensamos más que nada, según yo, en los noventa.

Y el escenario, ¿era o no era noventero? Había esculturas, piezas elaboradas –nos enteraríamos más tarde –de materiales reciclados. La banda que se presentó antes, Espumas  Terciopelos, tenía toda la influencia, evidentemente de la música noventera de Echeverri y sus secuaces. Y de pronto, casi sin darnos cuenta las luces se apagan hacia las nueve de la noche. Tras quince minutos de espera suben al escenario los protagonistas de esta noche, quienes nos harán bailar por el resto de la velada. Allí, al frente, se observa una luz azul en forma de corazón. Es el corazón de Andrea, la vocalista que sube y se planta al frente de la tarima para saludarnos con una sonrisa. Y sin más, se disponen a tocar “Cosita seria”, en medio de aplausos y rechiflas celestiales del público emocionado.

Un fulano me gritaba

Clásico, clásico, novedad, clásico, clásico, novedad. Más o menos ese fue el patrón a seguir en el setlist del concierto. Los asistentes rondaban la mayoría los aquejados treinta. Sí, es cierto, hasta adelante había de todo, y al frente de nosotros estaba un niño sentado; pero la mayoría eran de esa generación de contemporáneos que ahora está tomando la batuta generacional tras treinta años de desarrollo. Lengualerta sube a escena y Echeverri nos hace saber que su hijo es fan de este cantante, y nomás, de puro gusto, cantan la que para mí es una de las mejores: Luz azul

Si con la copa rota la boca le ha sangrado

Debo admitir que ahora que veo a Denise, de Hello Seahorse, subirse al escenario, mi teoría de la “fase histórica del rock latinoamericano” me parece muy endeble. Echeverri, al dar vueltas, tira el micrófono; pero no importa, todos hacemos como si nada hubiera ocurrido. Y dice:

Buscas en mis bolsillos pruebas de otro cariño

Pelos en la solapa, esta sonrisa me delata

Labial en la camisa, mi coartada está hecha

Trizas

Estoy en evidencia, engañar tiene su ciencia

Cantan, así es, cantan Bolero Falaz. ¡Nunca había pensado escucharlo en vivo alguna vez en mi vida!, me grita Frida al oído después de que terminara la canción. Fue un momento mágico, la verdad, la fuerza de la lírica se podía sentir hasta las puntas de los dedos del pie.

Malo si sí, malo si no

Salimos lentamente, hacia las 23:15. Frida está indecisa pues no sabe si comprarse una playera gris con letras negras que dicen: Florecita rockera, tú te lo buscaste. Al final se decide por llevarla, paga la cantidad indicada y nos vamos. Falta como media hora para la medianoche y la gente sigue deambulando por allí como si fueran las tres de la tarde. Caminando para el metro recuerdo dos o tres cosas del concierto que me sorprendieron: el cover a Juan Gabriel, el corazón-escultura, los sombreros de Echeverri y la participación de Rubén Albarrán-Gallogas-unlargoetecétera al final del concierto. Fue una experiencia trascendente, aunque suene exagerado. Pues esta noche los Aterciopelados tocaron con bastante fuerza y energía, ¿cómo serán recordados dentro de veinte años? Qué importa ahora esto de la historia, sin duda hay una tradición musical latinoamericana y sin duda los Aterciopelados esta noche, en el Metropólitan nos demostraron que se renuevan como se renueva el día de muertos y James Bond, pero siempre manteniendo su esencia.

Qué sería de nosotros sin la hippie-punk-florecita-rockera colombiana, ¿la música que escuchamos hoy en día seguiría siendo la misma? Es difícil saber eso, pero ahora que caminamos al metro comienzo a recordar perfectamente aquellas tardes de desvanecimiento y flojera en casa de mi abuela cuando yo era aún un joven estudiante de una secundaria del, en ese entonces, Distrito Federal; cuando los taxis eran verdes con gris y abundaban los bochitos. Mi tía, que por aquél entonces rozaba, más o menos, los treinta, fue quien me inició en este gusto que me llevó al Metropolitan esta noche. Existen dentro de mí, como agazapados, algunos recuerdos de la época en la que comenzó mi gusto por los Aterciopelados. Antes que nada debo admitir que cuando pienso en esta banda, la primera imagen que viene a mi mente es la del video del Bolero falaz; que ahora me resulta de un sabor un tanto antiguo. Mi tía, como quiera que haya sido, a veces, de tarde en tarde, ponía en la radio o en el reproductor de música algún disco de “Lo mejor de los 90”, o algo así; allí, ahora lo sospecho con más exactitud, allí debí haber escuchado a esta buena banda de colombianos. Tiempo después, ya era habitual encontrar sus canciones en el walkman que yo tenía por aquellos años. Un golpe de tristeza y satisfacción tuve esta noche cuando escuché en vivo (¡Nunca había pensado escucharlo en vivo alguna vez en mi vida! Decía Frida) algunas de esas rolitas que durante días de hastío y tardes desgarbadas me hicieron llevar una vida un poquito más alegre.

Fue, además, un concierto plagado de lucha por lo femenino y por la madre tierra, de mensajes de paz y amor, y de amor sobre todo; llevado a la lírica con fuerza y ritmo. Creo que independientemente de lo que se venga para los Aterciopelados (que con seguridad podemos decir que será fascinante) esta presentación ha cumplido, ha sorprendido, y ha encantado.

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