Biodiversidad y recursos genéticos mexicanos: procomún crucial para el mundo

Posted by admin on Abril 19, 2009 at 12:55 pm.

(El maíz mexicano y la milpa:

paladines por un PROCOMÚN en la producción sustentable de alimentos)

Elena Álvarez-Buylla

México D.F. a 12 de abril del 2009

El conocimiento, conservación y aprovechamiendo de la riqueza biológica, así como la generación y diversificación, a partir de esta riqueza, de los acervos de diversidad genética de plantas útiles cultivadas, se ha dado historicamente bajo un modelo en el que se gestionan los recursos necesarios (conocimientos, semillas, instrumentos tecnológicos) con base en la comunidad. Es pues un sistema colectivo en el que todos pueden acceder a estos medios y recursos (ie., procomún). Por ello, el derecho de uso de estos recursos y conocimientos no es un derecho civil más y no sólo los que ostentan un título de propiedad y pueden pagar por ellos, tienen derecho de uso y de generar nuevos conocimientos o variedades genéticas.

En este caso, ha quedado claro que el procomún ha resultado sumamente eficaz en fomentar la creatividad, la riqueza y una comunidad de campesinos y consumidores que en cada ciclo agrícola van recreando, inventando, mejorando y seleccionando nuevas y antiguas variedades. Con ello se ha dado origen a un sistema de variedades destinadas a diversos usos y aptas para ser cultivadas en muy diversas condiciones. La combinatoria que ha implicado este sistema colectivo de gestión de recursos ha sido sumamente eficaz en generar una riqueza muy grande de variedades. A la par se ha generado también un sistema sumamente robusto y plástico con capacidad de respuesta a embates sociales y ambientales.

En contraste, los sistemas privatizadores de las variedades vegetales, a través de la generación de híbridos mejorados, que pierden sus cualidades a partir de la segunda generación haciendo a los productores agrícolas dependientes de las compañías semilleras, el registro de variedades con derechos de obtentor, y más recientemente la apropiación de ciertas líneas transgénicas mediante el sistema de patentes, inhiben la innovación colectiva y con ello, resultan en una erosión de la diversidad genética con consecuencias ambientales, sociales y económicas negativas.

El sistema colectivo, en contraste, ha dado un resultado parecido a los sistemas biológicos con capacidad de evolucionar y responder plásticamente a demandas de uso o retos ambientales, y a la vez, robustos. Es a esta diversidad común a la que ha recurrido la humanidad en varias crisis agrícolas de tiempos pasados.

Este procomún ha resistido, hasta cierto punto, el embate de las leyes del mercado, tanto por razones biológicas, como  por fuerzas culturales y sociales. Su papel fundamental en aspectos nodales de la vida humana han dado fuerza a organizaciones en todo el mundo, que se han empeñado en proteger a este procomún, de las leyes del mercado.  A pesar de ello, y de la demostración del potencial y virtudes del procomún en el caso de la biodiversidad y los recursos fitogenéticos en agricultura, las leyes (económicas amparadas de los instrumentos legales) del mercado se han ido imponiendo poco a poco para controlar la base de la alimentación humana. El tener control del insumo básico de la producción de alimentos, la semilla, ha sido el objetivo de los intereses corporativos con mayor ímpetu lucrativo, pues implica un negocio que se multiplica en cada eslabón de la cadena alimenticia. Hasta antes de la Revolución verde la agricultura se había resistido a ser controloda por el mercado. Pero la generación de híbridos que pierden sus cualidades en la segunda generación y más recientemente la posibilidad de patentar secuencias de ADN recombinante y líneas transgénicas, ha aumentado la capacidad de control mercantil de las semillas y de la producción agrícola en general. Actualmente, un puñado de grandes corporaciones controlan el abasto de un porcentaje importante de las semillas para fines agrícolas de todo el mundo.

El riesgo de perder los recursos genéticos por la destrucción del sistema colectivo que les dió origen, que es el único capaz de recrearlos y conservarlos, va de la mano de poder perder o desmantelar la trama social del campo o del agro en todo el mundo. Con ello, se perdería una forma mucho más eficaz, diversa, sustentable y creativa para generar conocimientos, herramientas tecnológicas y riqueza biológica cultivada muy importante para la humanidad de manera sostenida y acorde a requerimientos locales, que son cruciales de tomar en cuenta para asegurar un sistema agrícola-alimentario sustentable, y robusto a crisis globales. Esto, además tiene un valor cultural fundamental que repercute de maneras cruciales en la vida de los pueblos*.

La diversidad de plantas cultivadas y los conocimientos biológicos, tecnológicos, utilitarios, así como los ritos culturales que los acompañan, son un ejemplo del potencial y la capacidad creativa de las redes sociales y productivas en economías informales arraigadas en las vidas de los pueblos, al margen de las leyes del mercado. Si se rompen este tipo de capacidades y actividades colectivas, se amenaza uno de los sustentos más importantes de la sociedad. En este tipo de sistemas de gestión colectiva o común de recursos, rigen valores humanos que van mucho más allá del interés personal racional. Consideraciones éticas, emocionales, y de identidad cultural y social son fundamentales en estos sistemas. El éxito de los mismos deja de manifiesto, por lo tanto, aspectos nodales de la naturaleza humana, contradiciendo así las teorías economicistas que postulan que los seres humanos solo se rigen por un interés personal en donde las decisiones se toman de manera egoista y racional.

Por ello, los recursos genéticos y el conocimiento de la biodiversidad tienen un valor enraizado en los pueblos y las relaciones sociales que les dan origen, pues el pertenecer a una comunidad con la que se comparten valores morales y objetivos colectivos han sido una fuerza creativa por derecho propio. El caso de la generación de recursos genéticos también constata que la libertad significa algo más que maximizar la utilidad económica individual. Intentar desmantelar el sistema de gestión colectiva de recursos que ha sustentado la generación de la riqueza de recursos fitogenéticos, implica un riesgo mayúsculo, pues se está demostrando que este tipo de sistemas son mucho más eficaces que aquellos anclados en la privatización y los derechos de propiedad. Pero además, y de manera primordial, el caso de los recursos genéticos ha demostrado también que un sistema procomún implica mucho mayor equidad y un sistema mucho más humanístico, saludable, rico culturalmente y sustentable socioambientalmente, que uno regido por un mercado, que además es monopólico, como el que controla el abasto de semillas. Un sistema colectivo garantiza una gestión de recursos más transparente, que permite el acceso abierto de la información o de los recursos y con ello, se minimizan los riesgos e injusticias, a la vez que se garantiza una mayor equidad. Todo ello, resulta en un sistema robusto y con capacidad de cambio a corto y largo plazo. Por ello, todos los recursos que son de vital importancia para la vida humana (alimentación, salud, vivienda, agua, suelo) deben de gestionarse de manera colectiva.

México es un país estratégico en el caso de diversidad biológica y riqueza de recursos genéticos, pues está entre los países megadiversos del mundo y está considerado como uno de los 7 Centros de Origen y diversificación de plantas domesticadas de acuerdo a Vavilov. De las plantas domesticadas, el maíz es fundamental por su importancia cultural y nutrimental para Mesoamérica. Es, además, uno de los tres cereales básicos en la dieta mundial actual. México alberga más del 60% de la riqueza genética de este cereal.  Esta riqueza natural y domesticada de nuestro país está siendo erosionada por diversas fuerzas, pero una muy importante es la privatización y control de la misma a través de leyes y políticas que han sido impulsadas por intereses corporativos monopólicos que han acumulado un control mayoritario de los recursos bióticos y fitogenéticos, y que sesgan y en ocasiones hasta rigen las políticas de los Estados en todo el mundo.

Además, en estos momentos el maíz está en un momento clave determinado por la contaminación de su centro de origen (México) con secuencias recombinantes patentadas por algunas de las corporaciones monopólicas. Ante este hecho, el Gobierno mexicano está impulsando modificaciones reglamentarias que tienden a legalizar dicha contaminación para abrir al mercado monopólico de los transgénicos al maíz mexicano. Esto tiene implicaciones socioeconómicas grandes con repercusiones potencialmente muy negativas para los sectores mayoritarios de productores y consumidores de México y del mundo, pero también impactos potenciales en el ambiente, la alimentación y la salud de los mexicanos con dimensiones y efectos impredecibles, algunos potencialmente devastadores.

Desde PROCOMÚN sería interesante y urgente impulsar acciones y círculos de investigación, estudio y síntesis para:

  1. Documentar y demostrar los enunciados hechos acá en grupos de investigación, con perspectivas de diversas disciplinas y enfoques.
  2. Emprender iniciativas para difundir las conclusiones a un amplio sector de la sociedad nacional e internacional, usando al maíz-milpa, como caso paradigmático.
  3. Para 1) y 2), buscar sinergias con otras iniciativas afines como la UCCS, en especial en su PROGRAMA de Alimentación y Agricultura.
  4. Alertar sobre la emergencia del caso del maíz en México por la contaminación de su centro de origen, que podría tornarse irreversible por causantes biológicas. En tal caso, la riqueza de este cereal, producto de miles de años de gestión colectiva, pasaría nominalmente a ser propiedad de algunas pocas firmas corporativas. Estas ya controlan una proporción grande de la producción y dsitribución de semillas e insumos básicos para la producción y distribución de alimentos en el mundo, pero con la introducción de transgenes en centros de origen y diversidad tendrían acceso y control de una fracción de la diversidad original de las principales plantas cultivadas, que hasta ahora ha permanecido al margen del mercado. En el caso del maíz, la producción con acervos de variedades nativas representa aún más del 70% de la producción de maíz para consumo a nivel nacional. Por razones biológicas, no será posible que el cultivo de maíces nativos no transgénicos y públicos, coexista en México con el cultivo de maíces transgénicos propiedad de algunas corporaciones multinacionales.
  5. Dado, que en el origen del maíz, su existencia y usos actuales, los valores humanos, que van más allá de los economicistas racionales, han tenido un papel nodal, vale la pena impulsar un movimiento colectivo de artistas (escritores, poetas, artistas plásticos, artistas multidisciplinarios contemporáneos, de las artes escénicas, etc) que retomen este tema para tomar conciencia de la situación y urgencia de acción-incidencia que logre contrarestar la embatida en contra del PROCOMÚN tradicional en la generación, recreación y uso de recursos fitogenéticos. Un movimiento artístico buscaría  impactar de manera profunda a la conciencia colectiva, buscando generar una mayor capacidad de acción e incidencia en pro de la gestión colectiva de este recurso nodal para México y el mundo.  Al conectarse con las emociones humanas, los lenguajes estético-artísticos pueden tener una capacidad de penetración, impacto, significancia humana profunda y alcance mucho mayores que los argumentos racionales o aquellos de la ciencia occidental.

Notas:

* En este ensayo, pueblo(s) se refiere unicamente a un “conjunto de personas de un lugar, región o país” sin ninguna otra connotación.

One Comment

  • Joaquín Figueroa Cuevas dice:

    La propuesta de Elena Alvarez-Buylla es central para el desarrollo de un nuevo marco de producción agricola en beneficio de la sociedad global. Particularmente para abordar los asuntos indigenas en México mediante la revaloración y enriquecimiento del patrimonio indígena y campesino del cultivo de maí­z y una opción a mejorar las condiciones econocmicas de campesinos e indigenas.

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